jueves, 10 de enero de 2013

Una herramienta del Estado

Hoy he visto en un programa de televisión una discusión sobre el caso de un policía que hacía objeción de conciencia frente a la participación en deshaucios inmobiliarios. Una de las personas que intervino en la discusión dijo textualmente: "tú sólo eres una herramienta del Estado. tienes que hacer tu trabajo y punto, sin conciencia".

Aquello me evocó los experimentos en los que se hacía creer a personas que eran contratadas para trabajar no recuerdo si en cárceles o sanatorios mentales. En esos experimentos, los sujetos de estudio pensaban que a los internos se les aplicaban descargas eléctricas como castigo ante determinados comportamientos. Cuando un superior daba la orden de llevar a cabo este tipo de castigos, dicha orden era obedecida a rajatabla, por muy fuerte que gritase el actor que hacía de interno, por mucho dolor que fingiese. Si se daba la orden de aumentar la intensidad de las corrientes, se obedecía igualmente.

Al acabar el experimento sociológico, los sujetos del mismo decían que a ellos no les parecía bien el castigo, que si fuese por ellos, no se habría aplicado, pero que lo habían llevado a la práctica porque era una orden de un superior y había que respetar la autoridad.

A veces, en nombre de la autoridad, podemos estar cometiendo las mayores atrocidades sin el mínimo resquemor de conciencia. ¿Son siempre justas las autoridades? ¿Ley y justicia son siempre equivalentes? ¿Es que no hay que hacer siempre lo correcto?

"Una herramienta del estado, sin conciencia". Me pregunto si eran precisamente eso todos los militares, científicos, experimentadores, etc. que participaron en cada uno de los horrores que los nazis llevaron a cabo contra los judíos en el gran holocausto.

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