Hace unos meses coincidí en un evento con unas personas anteriormente desconocidas para mí. Algunas de estas personas eran periodistas de profesión. No sé muy bien cómo salió el tema de conversación de la telebasura y de las cosas a las que obligan a veces a los reporteros para alimentar el morbo (y con ello las audiencias). De repente alguien dijo: "no sé cómo podéis hablar así. ¿Por qué les echáis la culpa a las cadenas de televisión? Las cadenas arriesgan su dinero y tienen todo el derecho a hacer lo que sea mientras la sociedad se lo permita. Es la gente, que consume esos programas, la que tiene la culpa.".
Yo, que no había intervenido en la conversación hasta entonces no pude contenerme. ¿Todo el derecho? El hecho de arriesgar capital no me exime de ninguna responsabilidad. Nadie obliga a nadie a invertir ni a arriesgar. Cada cual debe asumir sus propios riesgos e, independiente de ellos, hacerse cargo de sus responsabilidades.
Sin querer entrar en la campaña de desinformación que vivimos en nuestros días (conviene tener a una ciudadanía ignorante y dócil en tiempos de crisis), la información es un derecho de la sociedad. Un derecho, sí. Y las cadenas de televisión deberían tener obligaciones con respecto a ese derecho. No deberían poder atentar tan gratuitamente contra mi (nuestro) derecho a la información.
No hubo quien bajara del burro a esta persona. Sin embargo, yo tengo algo más que decir. Esta idea de que el mero hecho de arriesgar mi dinero me da derecho a todo está en la base de nuestro actual sistema. Un sistema deshumanizado en el que todos tenemos un precio y en el que da igual dejar sin hogar o sin empleo a cientos de personas, arruinar los recursos naturales de lejanos países donde las legislaciones al respecto son más laxas, o ahorrarse dinero en mano de obra adulta de países supuestamente desarrollados cuando se puede tener niños como obreros (semi-esclavos) en la India. Todo sea por ganar aún más dinero.
Imaginemos un ejemplo extremo: supongamos que el carnicero de mi barrio vende carne humana en su exquisita carnicería. Supongamos también que tiene una buena clientela sabedora del origen del producto que consume. ¿Podríamos argumentar que el carnicero no tiene culpa alguna? ¿Toda la culpa en este asunto es de la gente, que compra la carne humana? ¿Tiene el carnicero derecho a vender lo que sea, en este caso carne humana, sólo porque la gente la consume?
Si las cadenas de televisión tienen derecho a "hacer lo que sea" porque "arriesgan su dinero", también arriesga su dinero el señor narcotraficante, o el tratante de blancas (y en ambos casos hay clientela dispuesta a comprar sus productos).
Sí, los televidentes tienen gran parte de la culpa de que los atiborren de telebasura. Evidentemente si yo consumo ese producto, yo tengo mi parte de culpa, eso es innegable. Pero si lo vendo, no puedo pretender evadirme de mi responsabilidad diciendo que toda la culpa es del que lo compra. Las cadenas de televisión son responsables de la telebasura que emiten, incluso cuando la gente la consume voluntariamente, pues podrían tener principios y elegir menores audiencias y mayor calidad de información. Pero eso sería hacerlo bien.
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