Supongo que todos convendremos que si alguien circula con su vehículo por una carretera y presencia un accidente estará en la obligación de socorrer a los heridos y avisar a los servicios de urgencias sanitarias. No vale aquí lavar la propia conciencia (como Pilatos lavó sus manos) si uno mira para otro lado y pasa de largo sin ayudar simplemente porque no haya tenido ninguna culpa en el dramático siniestro. Aunque uno no cause el mal, tiene la obligación ética y moral de mitigarlo, pues de no hacerlo, lo estaría consintiendo, y consentir el mal no es ético, ni de buenas personas, ni de buenos ciudadanos.
En el mundo se dan numerosos problemas e injusticias de envergadura frente a los cuales miramos sistemáticamente para otro lado. Generalmente nos consolamos diciendo: "nosotros no podemos hacer nada" o "esto es trabajo para los gobiernos". Pero curiosamente "nosotros" votamos una y otra vez a los mismos "gobiernos" sin tener en cuenta que jamás solucionan este tipo de problemas.
Generalmente, uno cree de sí mismo que es buena persona porque "¿a quién le hago daño yo?" Sí, nos conformamos con suponer que no provocamos el daño (que muchas veces es mucho suponer) y no actuamos frente a las injusticias que otros provocan. No nos movilizamos, no salimos a la calle, no recogemos firmas... No luchamos por solucionar los problemas. Eso sí: "yo tengo mi conciencia tranquila porque no he hecho nada malo".
Hace escasos días conversando con un amigo sobre las injusticias perpetradas en esta crisis (recortes de sueldo, despidos masivos, desolojos forzosos, abusos de los bancos, corruptelas diversas...) planteé un ejemplo para hacer ver que nosotros, la ciudadanía, tenemos nuestra parte de culpa en este asunto porque continuamente vemos lo que le están haciendo a nuestro vecino y no movemos un dedo para tratar de revertir las situaciones injustas:
"Si yo voy por la calle y veo que tres tipos le están propinando una paliza a un inocente transeúnte tengo la opción de pedir ayuda a la policía o pasar de largo mirando para otro lado. Si paso de largo, ¿pensarías de mí que soy buena persona aunque yo no sea el culpable del mal que está causando la paliza?"
Mi amigo respondió lo siguiente:
"Ese ejemplo no es bueno, porque el sistema es tal que si llamas a la policía estarás haciendo lo mismo que si miras para otro lado, porque al final la policía tampoco viene a socorrer a nadie ni a meter a los malos en la cárcel" (podía estar refiriéndose a la indefensión jurídica que tienen las víctimas de los abusos en este país).
De acuerdo, es un mal ejemplo. "La policía no vendrá". Pero es que no soy yo solo el que camina por la calle. Por esa calle caminan cientos de personas que miran para otro lado (la sociedad entera está al tanto de las injusticias que ocurren y no actúa contra ellas). Si nos uniésemos, podríamos agarrar a esos pocos desalmados camorristas y separarlos de la víctima para librarla de la brutal paliza, pero no lo hacemos. ¿De verdad somos tan buenos como pensamos?
Como colofón final, una reflexión sobre "el daño que no hacemos". Puede que nos creamos excelentes ciudadanos simplemente porque pensamos no causamos mal a nadie, pero puede también que únicamente con un acto tan inocente como comprar un balón de fútbol "made in India" estemos apoyando con nuestro dinero a una empresa que se vale del trabajo infantil para fabricar sus productos más baratos. Nuestros inocentes actos cotidianos tienen una intrincada trama de causas y consecuencias, y, sin embargo, sistemáticamente nos negamos a saber sobre sus orígenes... Por la ley de la oferta y la demanda, el fabricante a quien le compramos dicho balón "made in India" seguirá utilizando el trabajo de niños semi-esclavos (precisamente porque nosotros lo compramos) y, probablemente, la competencia, para poder vender igual de barato, se irá de países como el nuestro, donde las condiciones del trabajador son mejores y tenderá a establecer sus industrias en países donde las condiciones para los trabajadores sean tan malas como las de los niños semi-esclavos. Y por esa regla de tres nos iremos quedando sin trabajo aquí, y para que las empresas vuelvan a estar interesadas en contratarnos, tendremos que rebajar nuestros sueldos y condiciones laborales, pues si no, "no seremos competitivos". Y todo esto por comprar un simple balón sin preguntarnos de dónde viene. ¿Cuantas injusticias de este tipo podremos estar apoyando a lo largo de nuestras vidas sin siquiera querer darnos por enterados?
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