martes, 5 de febrero de 2013

¿Se ríe Vd. de todos en nuestra cara?

"Todo lo que se refiere a mí y que figura allí y a los compañeros del partido mío que figuran allí no es cierto  salvo alguna cosa, que es la que han publicado los medios de comunicación, o, dicho de otra manera, es total y absolutamente falso".

O sea, que todo (el contenido de los papeles de Bárcenas) es falso, aunque bueno, alguna cosa sí que es verdad. ¿Y qué cosa es cierta? Pues lo que se ha publicado en los medios de comunicación. ¿Quiere decirse que todo lo que se ha publicado en los medios de comunicación es cierto? No, hombre, por supuesto que no, ¡cómo va a ser cierto si todo es absolutamente falso!

Me pregunto: ¿por qué cojones ningún periodista le ha preguntado por la semántica de tales declaraciones que atentan contra la lógica, el sentido común e insultan nuestra inteligencia?

¿Se puede usted explicar, señor presidente? Si todo es absolutamente falso, ¿cómo es que admite usted que algunas cosas son ciertas? Y, precisamente, si todo es falso, ¿cómo puede ser que diga Vd. que "lo único" que es cierto es lo que se ha publicado en los medios de comunicación? Pero... si lo que se ha publicado es TODO (al menos todo lo que se sabe).

Las declaraciones de este señor, con rostro de cemento, son equivalentes a decir: "todo es falso, salvo todo, que es cierto, pero no os preocupéis, que todo es falso". Es un completo sin sentido.

Si yo hubiese estado en la sala, me habrían tenido que amarrar y amordazar para no preguntar: "¿Es que es Vd. idiota? ¿Acaso nos toma por idiotas a todos los demás? ¿Entiende Vd. la semántica de las frases que acaba de pronunciar Vd. mismo?"

Por favor, cliquead aquí y ved el vídeo, ¿soy yo el único que no entiende el contenido de estas declaraciones?

viernes, 25 de enero de 2013

Éste es un gran país


"Éste es un gran país, no va a hundirse bajo el mar... Pero, cuidado, en algún momento habrá que decirle a los de arriba 'hasta aquí hemos llegado'".

Jorge Verstrynge, hoy.

Digámoslo: ¡hasta aquí hemos llegado! ¿Cuánto más hay que sufrir, cuánto hay que soportar, cuándo saldremos a la calle, cuándo nos movilizaremos en masa, cuándo pararemos el país, cuándo lucharemos por -exigiremos- algo mejor?

Merece la pena luchar por algo mejor. ¡Hagámoslo!

miércoles, 23 de enero de 2013

El estado de su bienestar

Ayer me dijo un amigo: "¡cómo nos han engañado con eso del estado del bienestar, cuando en realidad se trataba del estado de su bienestar!"

Lo dijo con un ánimo resignado, como queriendo significar que aquello que nos creíamos que era la democracia en realidad nunca había sido, y las cosas en realidad eran (son y tienen que ser) como son ahora, porque no hay más remedio. Algo así como que hemos vivido en un sueño del que ahora nos toca despertar.

Sí, el estado del bienestar lo estamos perdiendo, sin duda.  Y no va a volver por sí solo. Pero yo me pregunto: ¿es que el estado del bienestar nos lo tienen que dar hecho sí o sí? ¿En caso de que otros no nos traigan el estado del bienestar, la sociedad no es nadie para luchar por él?

Tenemos una pésima educación política. Somos una cuidadanía poco comprometida. No nos implicamos en nada, no luchamos por nada, no hacemos presión para que las cosas se hagan (y se pueden hacer) de otra forma. ¿Acaso esperamos que los que, dicen, nos representan luchen y defiendan aquello que nosotros mismos no defendemos? Esto no funciona así, ellos simplemente se aprovechan de nuestra desidia para gobernar en nuestra contra.

Nos han adormecido, nos han entontecido, nos han quitado las ganas... Vivimos en la idea del "no podemos hacer nada, porque ¿qué vamos a hacer?". Y nos encontramos muy cómodos en esa posición pasiva. Mejor aguantar el chaparrón aquí quieto que luchar contra los elementos.

Es evidente que a nivel individual no se puede hacer nada, pero ahora más que nunca la sociedad debería implicarse en política, articularse, organizarse, buscar apoyos y hacer presión. Si uno no lucha, no puede ganar. Lloramos por un estado del bienestar que nosotros mismos estamos dejando escapar.

domingo, 20 de enero de 2013

Pecar por omisión

No soy una persona religiosa, sin embargo, en este punto estoy de acuerdo con la Iglesia: es posible "pecar" por omisión.

Supongo que todos convendremos que si alguien circula con su vehículo por una carretera y presencia un accidente estará en la obligación de socorrer a los heridos y avisar a los servicios de urgencias sanitarias. No vale aquí lavar la propia conciencia (como Pilatos lavó sus manos) si uno mira para otro lado y pasa de largo sin ayudar simplemente porque no haya tenido ninguna culpa en el dramático siniestro. Aunque uno no cause el mal, tiene la obligación ética y moral de mitigarlo, pues de no hacerlo, lo estaría consintiendo, y consentir el mal no es ético, ni de buenas personas, ni de buenos ciudadanos.

En el mundo se dan numerosos problemas e injusticias de envergadura frente a los cuales miramos sistemáticamente para otro lado. Generalmente nos consolamos diciendo: "nosotros no podemos hacer nada" o "esto es trabajo para los gobiernos". Pero curiosamente "nosotros" votamos una y otra vez a los mismos "gobiernos" sin tener en cuenta que jamás solucionan este tipo de problemas.

Generalmente, uno cree de sí mismo que es buena persona porque "¿a quién le hago daño yo?" Sí, nos conformamos con suponer que no provocamos el daño (que muchas veces es mucho suponer) y no actuamos frente a las injusticias que otros provocan. No nos movilizamos, no salimos a la calle, no recogemos firmas... No luchamos por solucionar los problemas. Eso sí: "yo tengo mi conciencia tranquila porque no he hecho nada malo".

Hace escasos días conversando con un amigo sobre las injusticias perpetradas en esta crisis (recortes de sueldo, despidos masivos, desolojos forzosos, abusos de los bancos, corruptelas diversas...) planteé un ejemplo para hacer ver que nosotros, la ciudadanía, tenemos nuestra parte de culpa en este asunto porque continuamente vemos lo que le están haciendo a nuestro vecino y no movemos un dedo para tratar de revertir las situaciones injustas:

"Si yo voy por la calle y veo que tres tipos le están propinando una paliza a un inocente transeúnte tengo la opción de pedir ayuda a la policía o pasar de largo mirando para otro lado. Si paso de largo, ¿pensarías de mí que soy buena persona aunque yo no sea el culpable del mal que está causando la paliza?"

Mi amigo respondió lo siguiente: 

"Ese ejemplo no es bueno, porque el sistema es tal que si llamas a la policía estarás haciendo lo mismo que si miras para otro lado, porque al final la policía tampoco viene a socorrer a nadie ni a meter a los malos en la cárcel" (podía estar refiriéndose a la indefensión jurídica que tienen las víctimas de los abusos en este país).

De acuerdo, es un mal ejemplo. "La policía no vendrá". Pero es que no soy yo solo el que camina por la calle. Por esa calle caminan cientos de personas que miran para otro lado (la sociedad entera está al tanto de las injusticias que ocurren y no actúa contra ellas). Si nos uniésemos, podríamos agarrar a esos pocos desalmados camorristas y separarlos de la víctima para librarla de la brutal paliza, pero no lo hacemos. ¿De verdad somos tan buenos como pensamos?

Como colofón final, una reflexión sobre "el daño que no hacemos". Puede que nos creamos excelentes ciudadanos simplemente porque pensamos no causamos mal a nadie, pero puede también que únicamente con un acto tan inocente como comprar un balón de fútbol "made in India" estemos apoyando con nuestro dinero a una empresa que se vale del trabajo infantil para fabricar sus productos más baratos. Nuestros inocentes actos cotidianos tienen una intrincada trama de causas y consecuencias, y, sin embargo, sistemáticamente nos negamos a saber sobre sus orígenes... Por la ley de la oferta y la demanda, el fabricante a quien le compramos dicho balón "made in India" seguirá utilizando el trabajo de niños semi-esclavos (precisamente porque nosotros lo compramos) y, probablemente, la competencia, para poder vender igual de barato, se irá de países como el nuestro, donde las condiciones del trabajador son mejores y tenderá a establecer sus industrias en países donde las condiciones para los trabajadores sean tan malas como las de los niños semi-esclavos. Y por esa regla de tres nos iremos quedando sin trabajo aquí, y para que las empresas vuelvan a estar interesadas en contratarnos, tendremos que rebajar nuestros sueldos y condiciones laborales, pues si no, "no seremos competitivos". Y todo esto por comprar un simple balón sin preguntarnos de dónde viene. ¿Cuantas injusticias de este tipo podremos estar apoyando a lo largo de nuestras vidas sin siquiera querer darnos por enterados?

domingo, 13 de enero de 2013

Desequilibrios

Hay un documental televisivo muy bueno sobre una organización que lucha por erradicar el trabajo infantil. Actúan siempre que pueden y tratan de rehabilitar a los niños que han sufrido experiencias muy traumáticas en unas condiciones de trabajo inhumanas.

Hay niños que jamás volverán a ser como antes. Algunos de ellos cuentan la experiencia de ver, literalmente, caerse de sueño a sus compañeros en hornos de fundición o en máquinas que acabaron con sus vidas.

Estas cosas pasan en el mundo. Ocurren a diario mientras nosotros decidimos mirar para otro lado. ¿Acaso no tenemos la obligación ética y moral de luchar por la erradicación de estas abominaciones?

Hace unos meses, en una conversación salió el tema del trabajo infantil y yo comenté más o menos lo que escribo aquí sobre dicho documental.

"Los desequilibrios que hay en el mundo... Pero si no hubiera esos desequilibrios nosotros no podríamos vivir así". Ésta fue la respuesta que recibí de uno de los contertulios. La única respuesta.

El ser humano tiene una facilidad enorme para justificar las mayores aberraciones. ¿Vivir así? ¿Qué quiere decir vivir así? ¿Vivir en manos de banqueros y políticos corruptos? No, supongo que se referiría a tener DVD, Blue Ray, videoconsola, ordenador y smartphone.

¿Pues saben ustedes qué? Si para que yo pueda cambiar de teléfono móvil cada año otras personas tienen que vivir en condiciones de pobreza extrema, esclavitud, ausencia de higiene, indefensión ante enfermedades erradicadas en el primer mundo hace décadas, analfabetismo, abusos, violaciones, etc., etc., etc... yo no quiero ni necesito "vivir así". Me conformaría con que todos pudiésemos vivir dignamente, que todos tuviésemos un techo, comida suficiente, un trabajo digno y tiempo libre para disfrutar de la familia , amigos y demás relaciones personales, así como para leer, aprender, cultivarnos y crecer como personas.

Y, por último, "vivir así" es algo que tiene fecha de caducidad precisamente porque es más barato producir todos esos bienes de consumo que compramos para "vivir así" cuando las personas que los producen no pueden "vivir así". Sencillamente por la ley de la oferta y la demanda, los sueldos y condiciones laborales se igualarán a la baja en un mundo globalizado. Si compras productos fabricados en ciertas condiciones, no te sorprendas de que te impongan esas mismas condiciones a ti.

Todo iría mucho mejor para todos si simplemente hiciéramos todos lo que es correcto y no lo que es más barato o aporta mayor beneficio económico.

jueves, 10 de enero de 2013

En un supermercado cualquiera

Hace no muchas semanas me enteré de que la hermana de alguien conocido había sido despedida de su trabajo en una famosa cadena de supermercados. El motivo no fue esta vez la crisis, sino la lejía.

A los trabajadores de éste (y supongo que de otros) supermercados se les pide que viertan lejía sobre los alimentos antes de tirarlos en el contenedor de basura cuando están caducados o tienen algún desperfecto que hace imposible su venta. Algunos empleados se niegan a hacerlo, y los que lo hacen son automáticamente despedidos. Aquí no hay objeción de conciencia posible.

Parece que los supermercados no quieren que la gente coja la comida del contenedor de la basura, no vaya a ser que esto les reste cuota de mercado. No es muy razonable pensar que alguien que se ve abocado a coger habitualmente comida de la basura, en caso de no poder cogerla de ahí sea obligado por fin (¡POR FIN!) a comprar la comida en el supermercado. Si no hay dinero, no hay dinero.

Puede que los supermercados piensen que un cierto porcentaje de la población que come de la basura tenga en realidad algo de dinero (poco) que prefiera utilizar en otra cosa, ¿pero es realmente la solución estropear intencionadamente los alimentos antes de desecharlos?

A mí ya me parece mal tirar la comida a la basura, aún sin estropearla deliberadamente, sabiendo que hay gente que la coge (incluso en condiciones tan antihigiénicas). Es degradante propiciar que otros seres humanos se alimenten de entre nuestros despojos.

La comida no se tira. Lo que deberían hacer los supermercados es dejarla donde quien la necesitase de verdad la pudiese coger sin tener que nadar entre la porquería. Pero entonces, evidentemente, podría haber quienes quisiesen aprovecharse. Algunos potenciales clientes del supermercado a los que no les importase demasiado la fecha de caducidad cogerían comida gratis sin gastar su preciosa guita en el comercio. La solución sería pactar con Cáritas, los bancos de alimentos o cualquier asociación que recogiese la comida y la repartiera entre los necesitados: quien va a pedir comida a Cáritas no tiene para comprarla en el supermercado, así que esta opción no perjudicaría a las grandes superficies.

Es obsceno y de una falta total de humanidad, de un egoísmo atroz, de gran mezquindad... dejar morir de hambre a personas que necesitan comer mientras hay comida para tirar.

También resulta irónico, por otra parte, que las grandes superficies, que controlan los oligopolios de circulación de alimentos, sean en parte causantes de la crisis que vivimos por inflar el precio de la comida (a los productores -granjeros, ganaderos, agricultores-  les llega una ridícula parte del precio final del producto). Empobrecen al productor, empobrecen al consumidor (obligado a pagar altos precios), pero les molesta ver rebuscar en su basura a las víctimas esta forma de actuar. Mira que es desagradable.

Una herramienta del Estado

Hoy he visto en un programa de televisión una discusión sobre el caso de un policía que hacía objeción de conciencia frente a la participación en deshaucios inmobiliarios. Una de las personas que intervino en la discusión dijo textualmente: "tú sólo eres una herramienta del Estado. tienes que hacer tu trabajo y punto, sin conciencia".

Aquello me evocó los experimentos en los que se hacía creer a personas que eran contratadas para trabajar no recuerdo si en cárceles o sanatorios mentales. En esos experimentos, los sujetos de estudio pensaban que a los internos se les aplicaban descargas eléctricas como castigo ante determinados comportamientos. Cuando un superior daba la orden de llevar a cabo este tipo de castigos, dicha orden era obedecida a rajatabla, por muy fuerte que gritase el actor que hacía de interno, por mucho dolor que fingiese. Si se daba la orden de aumentar la intensidad de las corrientes, se obedecía igualmente.

Al acabar el experimento sociológico, los sujetos del mismo decían que a ellos no les parecía bien el castigo, que si fuese por ellos, no se habría aplicado, pero que lo habían llevado a la práctica porque era una orden de un superior y había que respetar la autoridad.

A veces, en nombre de la autoridad, podemos estar cometiendo las mayores atrocidades sin el mínimo resquemor de conciencia. ¿Son siempre justas las autoridades? ¿Ley y justicia son siempre equivalentes? ¿Es que no hay que hacer siempre lo correcto?

"Una herramienta del estado, sin conciencia". Me pregunto si eran precisamente eso todos los militares, científicos, experimentadores, etc. que participaron en cada uno de los horrores que los nazis llevaron a cabo contra los judíos en el gran holocausto.