Hace unos meses coincidí en un evento con unas personas anteriormente desconocidas para mí. Algunas de estas personas eran periodistas de profesión. No sé muy bien cómo salió el tema de conversación de la telebasura y de las cosas a las que obligan a veces a los reporteros para alimentar el morbo (y con ello las audiencias). De repente alguien dijo: "no sé cómo podéis hablar así. ¿Por qué les echáis la culpa a las cadenas de televisión? Las cadenas arriesgan su dinero y tienen todo el derecho a hacer lo que sea mientras la sociedad se lo permita. Es la gente, que consume esos programas, la que tiene la culpa.".
Yo, que no había intervenido en la conversación hasta entonces no pude contenerme. ¿Todo el derecho? El hecho de arriesgar capital no me exime de ninguna responsabilidad. Nadie obliga a nadie a invertir ni a arriesgar. Cada cual debe asumir sus propios riesgos e, independiente de ellos, hacerse cargo de sus responsabilidades.
Sin querer entrar en la campaña de desinformación que vivimos en nuestros días (conviene tener a una ciudadanía ignorante y dócil en tiempos de crisis), la información es un derecho de la sociedad. Un derecho, sí. Y las cadenas de televisión deberían tener obligaciones con respecto a ese derecho. No deberían poder atentar tan gratuitamente contra mi (nuestro) derecho a la información.
No hubo quien bajara del burro a esta persona. Sin embargo, yo tengo algo más que decir. Esta idea de que el mero hecho de arriesgar mi dinero me da derecho a todo está en la base de nuestro actual sistema. Un sistema deshumanizado en el que todos tenemos un precio y en el que da igual dejar sin hogar o sin empleo a cientos de personas, arruinar los recursos naturales de lejanos países donde las legislaciones al respecto son más laxas, o ahorrarse dinero en mano de obra adulta de países supuestamente desarrollados cuando se puede tener niños como obreros (semi-esclavos) en la India. Todo sea por ganar aún más dinero.
Imaginemos un ejemplo extremo: supongamos que el carnicero de mi barrio vende carne humana en su exquisita carnicería. Supongamos también que tiene una buena clientela sabedora del origen del producto que consume. ¿Podríamos argumentar que el carnicero no tiene culpa alguna? ¿Toda la culpa en este asunto es de la gente, que compra la carne humana? ¿Tiene el carnicero derecho a vender lo que sea, en este caso carne humana, sólo porque la gente la consume?
Si las cadenas de televisión tienen derecho a "hacer lo que sea" porque "arriesgan su dinero", también arriesga su dinero el señor narcotraficante, o el tratante de blancas (y en ambos casos hay clientela dispuesta a comprar sus productos).
Sí, los televidentes tienen gran parte de la culpa de que los atiborren de telebasura. Evidentemente si yo consumo ese producto, yo tengo mi parte de culpa, eso es innegable. Pero si lo vendo, no puedo pretender evadirme de mi responsabilidad diciendo que toda la culpa es del que lo compra. Las cadenas de televisión son responsables de la telebasura que emiten, incluso cuando la gente la consume voluntariamente, pues podrían tener principios y elegir menores audiencias y mayor calidad de información. Pero eso sería hacerlo bien.
martes, 8 de enero de 2013
lunes, 7 de enero de 2013
Paradojas
Dicen los entendidos que la actual crisis económica y financiera arroja cifras iguales o peores que las del famoso Crack del 29. Sin embargo, se da la paradoja de que en aquel entonces eran los ricos los que se lanzaban al vacío por las ventanas de sus altos edificios de oficinas, mientras que hoy son los pobres quienes se prenden fuego, se ahorcan o se dan un tiro en la sien por no estar dispuestos a seguir soportando una vida aún más miserable, por perder empleo, techo, derecho a la sanidad. familia, relaciones...
Y es que ahora las crisis económicas son cíclicas, y un excelente momento para recortar gastos y aumentar beneficios. Conviene pues, a algunos, que haya de estas crisis.
También en la crisis del 29 se dio la paradoja de que un economista afín a la ideología de la derecha propuso gravar a las grandes fortunas con impuestos del 90%. Keynes aplicó el sentido común: sacar el dinero de donde lo hay. Las grandes fortunas aceptaron la traumática medicina para su mal, pues comprendieron que no había otra para salir del escollo.
En cambio hoy, un gobierno que se llama a sí mismo de izquierdas hace algo parecido a lo que propuso Keynes. Francia pretende gravar las grandes fortunas con un impuesto del 75%. Ésta es la razón para que los Gérard Depardieu renuncien a la nacionalidad francesa y abracen la nacionalidad rusa, pues en aquel país de Europa Oriental pagan sólo un 13%. También encuentro paradójíco, por cierto, que sea precisamente Rusia, que fuera por tantas décadas el gran bastión del comunismo, la que acoge ahora a estos adinerados nuevos cuidadanos.
Pero hay otra paradoja: si miramos hacia los orígenes de esta crisis, la especulación sin medida es una de sus principales causas. El trabajador de clase media-baja o baja, poco dinero tiene para especular, mientras que las grandes fortunas, como las de Monsieur Depardieu, han podido dedicar ingentes cantidades a inversiones especulativas. Desconozco si es el caso concreto del amigo Gérard, no sé nada de sus cuentas, pero la paradoja está en que, visto así, las pequeñísimas economías familiares poco han podido colaborar en la gestación de esta crisis, mientras que los grandes adinerados tenían dinero de sobra para especular y alimentar el desastre económico que al final se ha desatado. Precisamente estas grandes fortunas son las que más facilidad tienen ahora para evadir impuestos. Si no quieren pagar acá, se van sin problemas acullá, donde los impuestos son mucho más bajos. Si cunde el ejemplo, y los que tienen el dinero optan todos por desertar, al final, paradójicamente, no habrá más remedio que hacer pagar todas las consecuencias de la crisis a quienes que no tuvieron capacidad para generarla.
De una u otra forma, los grandes culpables de esta debacle saldrán de rositas. Mientras que los grandes perjudicados serán, además, los más castigados por las medidas de contención. ¿No os parece bastante injusto? ¿Es que no habría que hacer algo?
Y es que ahora las crisis económicas son cíclicas, y un excelente momento para recortar gastos y aumentar beneficios. Conviene pues, a algunos, que haya de estas crisis.
También en la crisis del 29 se dio la paradoja de que un economista afín a la ideología de la derecha propuso gravar a las grandes fortunas con impuestos del 90%. Keynes aplicó el sentido común: sacar el dinero de donde lo hay. Las grandes fortunas aceptaron la traumática medicina para su mal, pues comprendieron que no había otra para salir del escollo.
En cambio hoy, un gobierno que se llama a sí mismo de izquierdas hace algo parecido a lo que propuso Keynes. Francia pretende gravar las grandes fortunas con un impuesto del 75%. Ésta es la razón para que los Gérard Depardieu renuncien a la nacionalidad francesa y abracen la nacionalidad rusa, pues en aquel país de Europa Oriental pagan sólo un 13%. También encuentro paradójíco, por cierto, que sea precisamente Rusia, que fuera por tantas décadas el gran bastión del comunismo, la que acoge ahora a estos adinerados nuevos cuidadanos.
Pero hay otra paradoja: si miramos hacia los orígenes de esta crisis, la especulación sin medida es una de sus principales causas. El trabajador de clase media-baja o baja, poco dinero tiene para especular, mientras que las grandes fortunas, como las de Monsieur Depardieu, han podido dedicar ingentes cantidades a inversiones especulativas. Desconozco si es el caso concreto del amigo Gérard, no sé nada de sus cuentas, pero la paradoja está en que, visto así, las pequeñísimas economías familiares poco han podido colaborar en la gestación de esta crisis, mientras que los grandes adinerados tenían dinero de sobra para especular y alimentar el desastre económico que al final se ha desatado. Precisamente estas grandes fortunas son las que más facilidad tienen ahora para evadir impuestos. Si no quieren pagar acá, se van sin problemas acullá, donde los impuestos son mucho más bajos. Si cunde el ejemplo, y los que tienen el dinero optan todos por desertar, al final, paradójicamente, no habrá más remedio que hacer pagar todas las consecuencias de la crisis a quienes que no tuvieron capacidad para generarla.
De una u otra forma, los grandes culpables de esta debacle saldrán de rositas. Mientras que los grandes perjudicados serán, además, los más castigados por las medidas de contención. ¿No os parece bastante injusto? ¿Es que no habría que hacer algo?
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Derecho al delirio
¿Qué tal si deliramos por un ratito?
¿Qué tal si clavamos los ojos más allá de la infamia para adivinar otro mundo posible?
El aire estará limpio de todo veneno que no provenga de los miedos humanos y de las humanas pasiones.
En las calles los automóviles serán aplastados por los perros.
La gente no será manejada por el automóvil, ni será programada por el ordenador, ni será comprada por el supermercado, ni será tampoco mirada por el televisor.
El televisor dejará de ser el miembro más importante de la familia y será tratado como la plancha o el lavarropas.
Se incorporará a los códigos penales el delito de estupidez que cometen quienes viven por tener o por ganar, en vez de vivir por vivir no más, como canta el pájaro sin saber que canta y como juega el niño sin saber que juega.
En ningún país irán presos los muchachos que se nieguen a cumplir el servicio militar sino los que quieran cumplirlo.
Nadie vivirá para trabajar pero todos trabajaremos para vivir.
Los economistas no llamarán nivel de vida al nivel de consumo, ni llamarán calidad de vida a la cantidad de cosas.
Los cocineros no creerán que a las langostas les encanta que las hiervan vivas.
Los historiadores no creerán que a los países les encanta ser invadidos.
Los políticos no creerán que a los pobres les encanta comer promesas.
La solemnidad se dejará de creer que es una virtud, y nadie nadie tomará en serio a nadie que no sea capaz de tomarse el pelo.
La muerte y el dinero perderán sus mágicos poderes y ni por defunción ni por fortuna se convertirá el canalla en virtuoso caballero.
La comida no será una mercancía ni la comunicación un negocio, porque la comida y la comunicación son derechos humanos.
Nadie morirá de hambre porque nadie morirá de indigestión.
Los niños de la calle no serán tratados como si fueran basura porque no habrá niños de la calle.
Los niños ricos no serán tratados como si fueran dinero porque no habrá niños ricos.
La educación no será el privilegio de quienes puedan pagarla y la policía no será la maldición de quienes no puedan comprarla.
La justicia y la libertad, hermanas siamesas, condenadas a vivir separadas, volverán a juntarse, bien pegaditas, espalda contra espalda.
En Argentina las locas de Plaza de Mayo serán un ejemplo de salud mental porque ellas se negaron a olvidar en los tiempos de la amnesia obligatoria.
La Santa Madre Iglesia corregirá algunas erratas de las tablas de Moisés y el sexto mandamiento ordenará festejar el cuerpo.
La Iglesia también dictará otro mandamiento que se le había olvidado a Dios, “amarás a la Naturaleza de la que formas parte”.
Serán reforestados los desiertos del mundo y los desiertos del alma.
Los desesperados serán esperados y los perdidos serán encontrados porque ellos se desesperaron de tanto esperar y ellos se perdieron por tanto buscar.
Seremos compatriotas y contemporáneos de todos los que tengan voluntad de belleza y voluntad de justicia, hayan nacido cuando hayan nacido y hayan vivido donde hayan vivido, sin que importe ni un poquito las fronteras del mapa ni del tiempo.
Seremos imperfectos porque la perfección seguirá siendo el aburrido privilegio de los dioses.
Pero en este mundo, en este mundo chambón y jodido seremos capaces de vivir cada día como si fuera el primero y cada noche como si fuera la última.
EDUARDO GALEANO – extracto de “EL DERECHO AL DELIRIO”
¿Qué tal si clavamos los ojos más allá de la infamia para adivinar otro mundo posible?
El aire estará limpio de todo veneno que no provenga de los miedos humanos y de las humanas pasiones.
En las calles los automóviles serán aplastados por los perros.
La gente no será manejada por el automóvil, ni será programada por el ordenador, ni será comprada por el supermercado, ni será tampoco mirada por el televisor.
El televisor dejará de ser el miembro más importante de la familia y será tratado como la plancha o el lavarropas.
Se incorporará a los códigos penales el delito de estupidez que cometen quienes viven por tener o por ganar, en vez de vivir por vivir no más, como canta el pájaro sin saber que canta y como juega el niño sin saber que juega.
En ningún país irán presos los muchachos que se nieguen a cumplir el servicio militar sino los que quieran cumplirlo.
Nadie vivirá para trabajar pero todos trabajaremos para vivir.
Los economistas no llamarán nivel de vida al nivel de consumo, ni llamarán calidad de vida a la cantidad de cosas.
Los cocineros no creerán que a las langostas les encanta que las hiervan vivas.
Los historiadores no creerán que a los países les encanta ser invadidos.
Los políticos no creerán que a los pobres les encanta comer promesas.
La solemnidad se dejará de creer que es una virtud, y nadie nadie tomará en serio a nadie que no sea capaz de tomarse el pelo.
La muerte y el dinero perderán sus mágicos poderes y ni por defunción ni por fortuna se convertirá el canalla en virtuoso caballero.
La comida no será una mercancía ni la comunicación un negocio, porque la comida y la comunicación son derechos humanos.
Nadie morirá de hambre porque nadie morirá de indigestión.
Los niños de la calle no serán tratados como si fueran basura porque no habrá niños de la calle.
Los niños ricos no serán tratados como si fueran dinero porque no habrá niños ricos.
La educación no será el privilegio de quienes puedan pagarla y la policía no será la maldición de quienes no puedan comprarla.
La justicia y la libertad, hermanas siamesas, condenadas a vivir separadas, volverán a juntarse, bien pegaditas, espalda contra espalda.
En Argentina las locas de Plaza de Mayo serán un ejemplo de salud mental porque ellas se negaron a olvidar en los tiempos de la amnesia obligatoria.
La Santa Madre Iglesia corregirá algunas erratas de las tablas de Moisés y el sexto mandamiento ordenará festejar el cuerpo.
La Iglesia también dictará otro mandamiento que se le había olvidado a Dios, “amarás a la Naturaleza de la que formas parte”.
Serán reforestados los desiertos del mundo y los desiertos del alma.
Los desesperados serán esperados y los perdidos serán encontrados porque ellos se desesperaron de tanto esperar y ellos se perdieron por tanto buscar.
Seremos compatriotas y contemporáneos de todos los que tengan voluntad de belleza y voluntad de justicia, hayan nacido cuando hayan nacido y hayan vivido donde hayan vivido, sin que importe ni un poquito las fronteras del mapa ni del tiempo.
Seremos imperfectos porque la perfección seguirá siendo el aburrido privilegio de los dioses.
Pero en este mundo, en este mundo chambón y jodido seremos capaces de vivir cada día como si fuera el primero y cada noche como si fuera la última.
EDUARDO GALEANO – extracto de “EL DERECHO AL DELIRIO”
martes, 1 de enero de 2013
Curiosidades del lenguaje
Algunos expertos van contra corriente (contra la corriente ortodoxa neoliberal). Aseguran que existe un concepto, el de deuda odiosa, según el cual los países endeudados están legitimados para no pagar su deuda, ya que ésta se contrajo (a sabiendas) en contra de los intereses del pueblo. Muchos de estos expertos aseguran no ya que no se debería pagar esta deuda, sino que es que no podemos pagarla: por más recortes que hacemos, por más privatizaciones, por más patrimonio público que se dilapida, no logramos pagar ni los intereses generados.
Otros expertos, sin embargo, en cuanto se les menciona la posibilidad de dejar de pagar la deuda aducen: "eso es imposible, si no pagamos la deuda nadie nos volverá a conceder créditos".
Nótese el matiz lingüístico: deuda=concepto negativo, crédito=concepto positivo. ¿Pero es que no es lo mismo? ¿Acaso cuando a uno le conceden un crédito no está en realidad contrayendo una deuda? ¿De dónde se creen que ha surgido nuestra deuda, nos ha caído del cielo? Estamos hartos de oír que nos hemos endeudado por pedir créditos "por encima de nuestras posibilidades", ¿y pretenden seguir pidiendo créditos?
Comprendo que no pagar la deuda conllevaría un escenario traumático, muy traumático. Seguramente tendríamos que salir del euro. Nuestra moneda se devaluaría. Debido al escaso valor de nuestro dinero no podríamos comprar nada de fuera (cero importaciones). Por lo que estaríamos obligados a producir todo lo necesario aquí... Un momento, ¿producir aquí? Habría entonces que reconstruir la infraestructura industrial, porque ahora mismo casi no nos quedan industrias. Y en esas industrias reconstruidas habría que dar trabajo a la gente de aquí, pues si seguimos con seis millones de parados en este país será imposible producir aquí todo lo que nos haga falta.
No, mejor nos quedamos como estamos. Paguemos la deuda, sigamos perdiendo tejido industrial y dejando a más trabajadores en el paro. Ya se apañará la gente con la comida que encuentre en la basura.
Otros expertos, sin embargo, en cuanto se les menciona la posibilidad de dejar de pagar la deuda aducen: "eso es imposible, si no pagamos la deuda nadie nos volverá a conceder créditos".
Nótese el matiz lingüístico: deuda=concepto negativo, crédito=concepto positivo. ¿Pero es que no es lo mismo? ¿Acaso cuando a uno le conceden un crédito no está en realidad contrayendo una deuda? ¿De dónde se creen que ha surgido nuestra deuda, nos ha caído del cielo? Estamos hartos de oír que nos hemos endeudado por pedir créditos "por encima de nuestras posibilidades", ¿y pretenden seguir pidiendo créditos?
Comprendo que no pagar la deuda conllevaría un escenario traumático, muy traumático. Seguramente tendríamos que salir del euro. Nuestra moneda se devaluaría. Debido al escaso valor de nuestro dinero no podríamos comprar nada de fuera (cero importaciones). Por lo que estaríamos obligados a producir todo lo necesario aquí... Un momento, ¿producir aquí? Habría entonces que reconstruir la infraestructura industrial, porque ahora mismo casi no nos quedan industrias. Y en esas industrias reconstruidas habría que dar trabajo a la gente de aquí, pues si seguimos con seis millones de parados en este país será imposible producir aquí todo lo que nos haga falta.
No, mejor nos quedamos como estamos. Paguemos la deuda, sigamos perdiendo tejido industrial y dejando a más trabajadores en el paro. Ya se apañará la gente con la comida que encuentre en la basura.
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Resistencia al cambio
Dicen que las personas se resisten al cambio. Yo no estoy totalmente de acuerdo con eso. Más bien las personas se resisten a esforzarse para conseguir el cambio.
Veamos: podríamos conseguir un cambio muy positivo para la sociedad. Si todos juntos luchásemos por lo que es de justicia conseguiríamos mejorar las vidas de la mayoría, y sin embargo no lo hacemos. ¿Por qué? Porque es costoso, hay que luchar, implicarse, protestar, organizarse, invertir esfuerzo y energía...
Sin embargo, cada día asistimos a cambios contra los que no nos rebelamos en absoluto: cada vez más precariedad laboral, más familias bajo el umbral de la pobreza, más gente rebuscando comida en los contenedores de basura, más desahuciados sin techo por leyes hipotecarias injustas... ¿nos resistimos a ese cambio tan negativo? No. ¿Por qué? Por dos razones fundamentales: primero porque es un cambio muy gradual. Los de arriba no nos han empobrecido de golpe, sino que están haciéndolo poco a poco, para que nos habituemos (y lo peor es que nos gusta habituarnos). Segundo (lo mejor de todo) porque para que este cambio nefasto se lleve a cabo nosotros no tenemos que poner de nuestra parte, no debemos hacer nada, tan sólo dejar hacer a los de arriba e ir cada uno a su bola (que es lo que nos mola). Hecho. Este cambio sí que será todo un éxito. ¡Somos tan predecibles y tan fáciles de manejar!
"Todo lo que hay que conseguir para que triunfe la maldad es que los hombres buenos no hagan nada". Seguid sin hacer nada entonces, ciudadanos.
Veamos: podríamos conseguir un cambio muy positivo para la sociedad. Si todos juntos luchásemos por lo que es de justicia conseguiríamos mejorar las vidas de la mayoría, y sin embargo no lo hacemos. ¿Por qué? Porque es costoso, hay que luchar, implicarse, protestar, organizarse, invertir esfuerzo y energía...
Sin embargo, cada día asistimos a cambios contra los que no nos rebelamos en absoluto: cada vez más precariedad laboral, más familias bajo el umbral de la pobreza, más gente rebuscando comida en los contenedores de basura, más desahuciados sin techo por leyes hipotecarias injustas... ¿nos resistimos a ese cambio tan negativo? No. ¿Por qué? Por dos razones fundamentales: primero porque es un cambio muy gradual. Los de arriba no nos han empobrecido de golpe, sino que están haciéndolo poco a poco, para que nos habituemos (y lo peor es que nos gusta habituarnos). Segundo (lo mejor de todo) porque para que este cambio nefasto se lleve a cabo nosotros no tenemos que poner de nuestra parte, no debemos hacer nada, tan sólo dejar hacer a los de arriba e ir cada uno a su bola (que es lo que nos mola). Hecho. Este cambio sí que será todo un éxito. ¡Somos tan predecibles y tan fáciles de manejar!
"Todo lo que hay que conseguir para que triunfe la maldad es que los hombres buenos no hagan nada". Seguid sin hacer nada entonces, ciudadanos.
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lunes, 31 de diciembre de 2012
Hacer algo
Quiero hacer algo. Vivimos en una época difícil e injusta. Sé que los grandes mandamases se ocupan de que esto sea así por mucho tempo, pero no podemos echarles toda la culpa a ellos. Quizás tenemos los líderes que nos merecemos. Esta ciudadanía es en general egoísta, malcriada, indolente, insolidaria y despreocupada.
Sé que no voy a cambiar el mundo, parto de esa premisa. Pero tengo tal sentimiento de injusticia que no puedo quedarme quieto.
He aprendido de la experiencia que la razón no sirve para cambiar los comportamientos. La gente actúa y vive por inercia, por tradición, por costumbre, por fanatismo. Ya no intento solucionar nada, pero en la medida de lo posible, si puedo proveer una ínfima parte del castigo que merecemos, lo haré, aunque sólo sea molestando e insultando, que ni a sacudir conciencias aspiro (pues para eso hay que tenerla).
Soy más analítico que sintético, me cuesta escribir poco, pero intentaré contener el número de palabras en estos escritos, creo que esto es fundamental porque ésa es otra, cuanto más elaborado un texto -ya ni por largo, sino por elaborado, subordinado, enriquecido, adjetivado- más difícil es que alguien se tome la molestia de leerlo.
Una vez dicho esto, si alguien se siente aludido por algo de lo que comento, sólo me queda decir ¡ME ALEGRO!
Sé que no voy a cambiar el mundo, parto de esa premisa. Pero tengo tal sentimiento de injusticia que no puedo quedarme quieto.
He aprendido de la experiencia que la razón no sirve para cambiar los comportamientos. La gente actúa y vive por inercia, por tradición, por costumbre, por fanatismo. Ya no intento solucionar nada, pero en la medida de lo posible, si puedo proveer una ínfima parte del castigo que merecemos, lo haré, aunque sólo sea molestando e insultando, que ni a sacudir conciencias aspiro (pues para eso hay que tenerla).
Soy más analítico que sintético, me cuesta escribir poco, pero intentaré contener el número de palabras en estos escritos, creo que esto es fundamental porque ésa es otra, cuanto más elaborado un texto -ya ni por largo, sino por elaborado, subordinado, enriquecido, adjetivado- más difícil es que alguien se tome la molestia de leerlo.
Una vez dicho esto, si alguien se siente aludido por algo de lo que comento, sólo me queda decir ¡ME ALEGRO!
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Querido sr. apolítico:
A usted que dice “no me interesa para nada la política”, que no se mezcla en absoluto en estos complicados asuntos, he de recordarle que la política es la disciplina que se ocupa de resolver los problemas de la ciudadanía y son, además, los ciudadanos quienes han de implicarse en mayor o menor medida en ella.
Entiendo que pueda considerar usted que la lucha entre las ideologías clásicas es rancia y anticuada, que los partidos políticos no nos representan o que pueda estar asqueado del mal uso y abuso que hacen del poder aquéllos que dicen representarnos. Pero cuando usted, señor apolítico -mayoría silenciosa-, da un paso hacia atrás y permanece en la comodidad del hogar mientras otros salen a la calle para luchar por el bien común, por intereses comunes (incluido su propio interés, señor apolítico), está cediendo su cuota de poder (la pequeña cuota de poder que tiene cada ciudadano) a aquéllos que nos gobiernan malintencionadamente de acuerdo con los intereses y compromisos contraídos con quienes, por ejemplo, financian sus campañas electorales. ¿Acaso no es una decisión política escabullirse y no hacer nada permitiendo así que el poder siga en manos de los mismos?
Cuando usted dice, señor apolítico, que odia la política, lo que está diciendo en realidad es que odia participar en la búsqueda de soluciones a los problemas que nos conciernen a todos.
Cuando usted dice, señor apolítico, que no podemos hacer nada y prefiere ocuparse únicamente de la dura lucha diaria por la vida (como por cierto haría cualquier otro bicho viviente sin estar dotado de conciencia ni raciocinio), está en realidad haciendo una promesa de autocumplimiento, impidiendo que los demás, que sí quieren hacer algo para solucionar esto, puedan solucionar nada. Y la consecuencia de esto es que su tan fatigosa lucha por la vida (y la de sus hijos) se irá haciendo cada vez más dura y penosa en tiempos venideros (del empeoramiento de nuestras condiciones de vida ya se encargan los de arriba concienzudamente, y seguimos permitiéndolo).
Esta actitud que estamos tomando en masa, dejar hacer a los de arriba (como si hubiesen demostrado buen hacer en alguna ocasión) y no meternos en nada es una flagrante dejación de responsabilidad civil. Es mezquina, insolidaria, irresponsable, estúpidamente egoísta, egocéntrica, ombliguista y miope.
Siga usted, señor apolítico, permitiendo que los gobiernos apliquen el rodillo de las mayorías absolutas, mayorías absolutas conseguidas, por cierto, de entre la minoría votante.
Siga usted, señor apolítico, sin quejarse de lo que le ocurre al vecino. Cuando sea tarde para usted y le ocurra algo parecido, tampoco nadie vendrá en su auxilio, pues los que aún estén mejor que usted se encontrarán demasiado ocupados en la dura lucha por la vida.
Entiendo que pueda considerar usted que la lucha entre las ideologías clásicas es rancia y anticuada, que los partidos políticos no nos representan o que pueda estar asqueado del mal uso y abuso que hacen del poder aquéllos que dicen representarnos. Pero cuando usted, señor apolítico -mayoría silenciosa-, da un paso hacia atrás y permanece en la comodidad del hogar mientras otros salen a la calle para luchar por el bien común, por intereses comunes (incluido su propio interés, señor apolítico), está cediendo su cuota de poder (la pequeña cuota de poder que tiene cada ciudadano) a aquéllos que nos gobiernan malintencionadamente de acuerdo con los intereses y compromisos contraídos con quienes, por ejemplo, financian sus campañas electorales. ¿Acaso no es una decisión política escabullirse y no hacer nada permitiendo así que el poder siga en manos de los mismos?
Cuando usted dice, señor apolítico, que odia la política, lo que está diciendo en realidad es que odia participar en la búsqueda de soluciones a los problemas que nos conciernen a todos.
Cuando usted dice, señor apolítico, que no podemos hacer nada y prefiere ocuparse únicamente de la dura lucha diaria por la vida (como por cierto haría cualquier otro bicho viviente sin estar dotado de conciencia ni raciocinio), está en realidad haciendo una promesa de autocumplimiento, impidiendo que los demás, que sí quieren hacer algo para solucionar esto, puedan solucionar nada. Y la consecuencia de esto es que su tan fatigosa lucha por la vida (y la de sus hijos) se irá haciendo cada vez más dura y penosa en tiempos venideros (del empeoramiento de nuestras condiciones de vida ya se encargan los de arriba concienzudamente, y seguimos permitiéndolo).
Esta actitud que estamos tomando en masa, dejar hacer a los de arriba (como si hubiesen demostrado buen hacer en alguna ocasión) y no meternos en nada es una flagrante dejación de responsabilidad civil. Es mezquina, insolidaria, irresponsable, estúpidamente egoísta, egocéntrica, ombliguista y miope.
Siga usted, señor apolítico, permitiendo que los gobiernos apliquen el rodillo de las mayorías absolutas, mayorías absolutas conseguidas, por cierto, de entre la minoría votante.
Siga usted, señor apolítico, sin quejarse de lo que le ocurre al vecino. Cuando sea tarde para usted y le ocurra algo parecido, tampoco nadie vendrá en su auxilio, pues los que aún estén mejor que usted se encontrarán demasiado ocupados en la dura lucha por la vida.
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